lunes, 20 de abril de 2015

TUTORIA


A lo largo de la historia, el concepto de orientación y de tutoría ha ido variando considerablemente. En la actualidad, se propone como objetivo el desarrollo de la personalidad integral de todo el alumnado. Desde esta perspectiva, constituye un factor esencial para la calidad del sistema educativo. Más concretamente, el concepto de orientación, según se entiende hoy día, no se refiere a un acto puntual, sino a un proceso continuo a lo largo de la existencia, a través del cual la persona se desarrolla individual y socialmente en todos sus ámbitos de actuación (el familiar, el personal, el social, etc.) y previene el conjunto de circunstancias que pueden afectarle.

El concepto de tutoría, por su parte, añade al de orientación el hecho de que son los tutores y profesores en general quienes llevan a cabo la orientación de los alumnos durante su etapa escolar. La orientación va dirigida a todas las personas aunque puede hacerse especialmente intensa para determinadas personas (cuando el alumno ingresa en un centro educativo, cuando cambia de nivel de estudios, en la transición de la escuela al trabajo, etc.).

Cuando, definiendo orientación, se dice que incluye todos los aspectos, se indica que debe abarcar todos los aspectos, se indica que debe abarcar la dimensión personal, profesional, familiar, social, educativa y de tiempo libre, procurando atender a la diversidad individual. Su objetivo es potenciar la prevención (en el fracaso escolar, en lo profesional, del estrés, de las drogas, de los accidentes, etc.).

Modelos:

Dado que la orientación y la tutoría asumen un amplio marco de intervención, conviene distinguir los distintos modelos existentes:

  • Modelo clínico: Centrado en la atención individualizada, el modelo clínico fue preponderante durante los años 1930-70. Las fases del modelo son: la demanda por parte del sujeto, el diagnóstico, la intervención (frecuentemente de carácter terapéutico) y el seguimiento. La historia ha demostrado la insuficiencia de este modelo, aunque en ciertas ocasiones no queda más remedio que recurrir a él como complemento de otras estrategias.
  • Modelo de servicios: Puede considerarse como una ampliación del modelo clínico, y éste, a su vez, como un caso particular del modelo de servicios.
  • Se desarrolla en dos fases: la demanda por parte del sujeto y la atención puntual a su solicitud. En este modelo se puede atender a grupos de personas, además de llevar a cabo la atención individualizada.
  • Modelo de programas: Este modelo supone un cambio cualitativo respecto de los dos anteriores. Si los dos anteriores planteaban la reacción posterior a la demanda, este modelo trata de adelantarse a ella. Por tanto, es una acción pro activa, dirigida a la prevención y el desarrollo. Este modelo sigue las siguientes fases: análisis del contexto, detección de necesidades, formulación de objetivos, planificación de actividades, realización de actividades y evaluación del programa.
  • Modelo de consulta triádica: También llamado modelo de consulta colaborativa, se articula en torno a 3 elementos: el orientador que asume el roll de consultor y que interviene con el sujeto de forma indirecta a través del mediador; el segundo, el mediador (tutor, docente, padres, etc.) que interviene de forma directa con el sujeto, a partir de las propuestas del consultor; y el tercero, el sujeto.



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